SHODO (el arte de la caligrafía japonesa) y AIKIDO

Aprovechando que el Museo de la Universidad de Alicante (MUA) nos ofrece la EXPOSICIÓN “Caligrafía japonesa en España. Obras maestras de la caligrafía japonesa contemporánea”  y otras actividades relacionadas (englobadas en la conmemoración del 400 aniversario de las relaciones entre Japón y España, Año Dual España-Japón), desde este blog trataremos de describir el Shodo (el arte de la caligrafía japonesa) y de tratar su relación con el Aikido.

SHODO, el arte de la caligrafía japonesa

La caligrafía japonesa, que es una de las artes tradicionales más antiguas del Japón, cuenta con una historia de más de 1.500 años.

Es una forma de arte creativo que intenta expresar la profundidad espiritual y belleza, bien a través de los ideogramas “Kanji”, que han sido utilizado durante varios miles de años en Asia Oriental, bien a través del silabario fonético “Kana”, surgido como algo propio del Japón hace 1.200 años y escrito con pincel “fude” y tinta negra “sumi”. Es un arte cuyo valor trasciende las diferencias culturales, comunicando la belleza a todo el ser humano. [1]

Tomar el pincel, sumergirlo en tinta negra y realizar los trazos en la hoja de papel de arroz blanca no es sólo buscar una bella escritura. La concentración es un elemento fundamental del Shodo, como camino para obtener una obra artística en perfecta armonía con el espírituCada trazo tiene su significado, su forma, orden y sentido correcto al ser trazado. Pero cada uno es único, cada línea es una creación y se convierte en la manifestación de ese momento, cada movimiento del pincel del calígrafo crea algo bello e irrepetible. No se puede retocar un trazo, no se puede fallar al realizarlo. Incluso el blanco que dejan los trazos es importante. El balance entre todos los elementos y el espacio vacío hace del Shodo un arte proporcional, armonioso y equilibrado. Pero no es sólo buscar la belleza, sino también el significado: La armonía y delicadeza de las líneas no solo transmiten belleza estética, sino que nos transmiten la sabiduría milenaria. 

En japonés, la caligrafía japonesa se llama “Shodo”, y significa “El camino de la escritura” (“Sho” significa caligrafía, “Do” – el camino). La caligrafía japonesa está relacionada  con el Budismo Zen, es uno de los caminos que llevan a la comprensión del sentido de la vida y las verdades eternas, al igual que la ceremonia del té (Chado), el arte floral japonés (Ikebana), el camino de los míticos Samurai (Bushido), el arte del tiro con arco (Kyudo), la esgrima japonesa con espadas (Kendo) u otras artes marciales (Budo), como el Aikido.

De hecho la caligrafía es un atributo integrante de otras artes:

Los maestros de la ceremonia de té estudian la caligrafía con la misma dedicación y escrupulosidad que el mismo acto ceremonial de té.

La aristocracia japonesa y los samurais también estudiaban la caligrafía.

Los más eminentes maestros de las artes marciales realizaban con sus pinceles caligrafías en las que se puede todavía sentir su fuerza (su energía, aliento, emoción…)

 

SHODO (caligrafía japonesa) y AIKIDO

Para los practicantes de Shodo, “el camino de la escritura”, hay un componente espiritual y artístico muy importante. “La concentración es un elemento fundamental del shodo, como camino para obtener una obra artística en perfecta armonía con el espíritu” [12]. 
En la caligrafía, el “Ko” se refiere a la técnica y el “So” se refiere al plano mental que va otorgando serenidad y belleza espiritual. De la conjunción de ambos y mediante el esfuerzo y dedicación personal se recorre el camino de donde surgirán los estilizados y bellos trazos, pudiendo decirse que esta conjunción sería el verdadero significado del shodo”. [13]

Doshu practicando Aikido ante la caligrafía "Aikido" de O-Sensei, en el Aikikai Hombu Dojo (dojo del centro mundial del Aikido, en Tokio)De forma similar, el Budo (artes marciales japonesas dirigidas al desarrollo integral) y especialmente el Aikido va mucho más allá del cuerpo“tai” (potencia, eficacia, flexibilidad, agilidad…)  y la técnica o “gi” (distancia y posición adecuadas en cada momento, técnicas correctas y sin vacilación, fluidez…). Más importante es el trabajo implícito del espíritu o “Shin” (dominio de la conciencia física, dominio y control de las emociones, desarrollo y control de las facultades mentales, confianza, serenidad, atención, percepción, intuición, autorrealización o autoexpresión, armonía…). También es el plano mental y espiritual el que otorgará serenidad y una perceptible belleza en un sentido más profundo que el puramente técnico.

Mientras se ejercita el aprendizaje de la caligrafía, el silencio y la concentración movilizan el espíritu hacia un estado propio y único que no podrá ser manejado por nadie, amalgamándose con la escritura en un solo cuerpo, en un principio similar existente en la filosofía zen [13]. Tal y como en la práctica del Aikido, donde se va desarrollando una armonía interior y con el exterior que no debiera ser alterable por agentes externos como pueda ser la acción agresiva de un eventual adversario. “Nuestro espíritu debe dirigirse libremente, no tener la esperanza de atacar al adversario, ni dejar de prestarle atención. Se debe estar completamente atento de instante en instante”. [15]

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